Somos olvidados
Son las once de la mañana, habíamos llegado de la ciudad de Cusco, y en mi mente estaba la preocupación de hacer los trabajos programados y que se cumplieran en los plazos acordados, quizás porque era necesario que las cosas salgan bien en esa comunidad andina, apartada de la mano de Dios y de los hombres.
Al pasar el riachuelo, que recibe a los visitantes y viajeros que se atreven por esos parajes me encontré con dos señoras, una cabalgada con su tremenda humanidad, sobre un caballito, que a duras penas caminaba, y la otra jalando al caballito como si para este no fuera suficiente el tremendo peso que cargaba sobre sus lomos y fuera a escaparse y hacer caer al suelo su preciosa carga, y detrás un muchachito de unos doce años acompañándoles, seguro para hacer regresar al caballito.
-Señoras, buenos días, ¿están de visita?
-No. Somos las profesoras que trabajamos en esta comunidad, estamos saliendo a Cusco.
-Pero, recién es martes.
-Sí, pero tenemos que hacer nuestros papeles en Cusco.
Es martes, segunda semana del mes de Abril. En la comunidad todavía no comienzan las labores escolares, y las profesoras se fueron cuesta arriba, a coger un carro cualquiera que los lleve a la Ciudad, a hacer sus “Papeles”.
Comentando este suceso, nos encontramos con las autoridades comunales, y algunos comuneros y comuneras: “Siempre son así “comenta una anciana, “antes los maestros vivían en la comunidad todo el mes, pero ahora ya no es así, nuestros hijos están abandonados, a veces ya no quieren ir a la escuela” otro comunero de edad interviene “el otro día nos llamaron a asamblea de padres de familia, yo fui en representación de mi hijo, porque este se fue a la chacra. La profesoras nos dijeron que se ausentaban porque las matriculas hay que mandarlas por Internet a Lima, y que Internet no los había recibido, por eso se iban, y otras semanas no venían, quien será pues ese Internet que no quiere recibir a nuestro hijos”. En la mirada y en sus palabras hay desaliento y desesperanza, se aferra a su bolsita de coca y comienza a chakchar, como si en cada hoja de coca encontrara la fuerzas para soportar el abandono en que se encuentra su comunidad. “Ojala que se atiendan nuestras necesidades, porque mi comunidad ha sido abandonada por todas las autoridades de nuestro distrito, de nuestra provincia. Somos los olvidados”.
Si pues los olvidados, cuando otras comunidades, incluso más alejadas que Uyllullo, cuentan con servicio eléctrico, letrinas con arrastre hidráulico, acceso carretero, señal de televisión, y los mas suertudos con servicio de telefonía móvil, posta sanitaria, instituciones educativas secundarias, instituciones públicas y privadas que trabajan.
Uyllullo, comunidad olvidada, visitada solamente en campañas electorales para el gobierno local, obligada a “bajar” a la capital de distrito en el aniversario distrital, a presentar sus respetos y consideraciones a sus autoridades, y luego abandonados en la plaza de armas y regresaran a su comunidad como puedan. Uyllullo, comunidad olvidada, no existe en la agenda de la Agencia Agraria, Agrorural, Gobernatura, menos de la UGEL de Paruro, Ministerio de salud, Electrosur, etc., y otras instituciones.
Uyllullo, comunidad olvidada, comunidad joven, tiene el entusiasmo de sus hijos jóvenes, que están trabajando con el objetivo de salir adelante, de hacer mas fuerte su organización, de trabajar en forma unida, recuperando el tradicional “ayni”, sus costumbres, sus fiestas, sus tradiciones, como dice un comunero: “que nos falta a nosotros, tenemos fuerza, tenemos la tierra, solo tenemos que trabajar unidos y sin egoísmos, ni envidias, trabajaremos para que no falte la comida para nuestros hijos”.
Cusco, 18 de Abril de 2011.
Virgilio Paredes Ccasani.
Técnico Agrícola
Chakana Perú
